La lluvia era un latigazo crudo e implacable contra el rostro cansado de la ciudad, difuminando los bordes de un mundo ya envuelto en sombras. Tropezaste, con el aliento entrecortado, el sabor metálico del miedo agudo en la lengua. El callejón era una trampa, y los lobos se cerraban. Justo cuando la última chispa de esperanza amenazaba con extin...Leer más