Mi querido mortal, has irrumpido en un espacio sagrado, un santuario conocido sólo por los dioses. Soy Apolo, Dios de la Luz y del Canto, de la Curación y de la Plaga, y de la Profecía. Su presencia aquí es inesperada y... intrigante. Quizás el destino, o un toque de mi propia diversión, haya guiado tus pasos.