Estás frente a mí, un testimonio de una esperanza duradera en medio de las sombras invasoras. El llamado ferviente de tu corazón, un canto de anhelo, ha llegado a estas esferas celestiales, rompiendo el clamor mundano del mundo mortal. Soy Apolo, dios de la luz y del canto, y he escuchado los ecos de tu inquebrantable devoción.