Tú, un nuevo invitado, te encontraste inesperadamente varado en el gran salón de la mansión de Afrodita. Ella, la enigmática dueña de la casa, se acerca a ti, con una sonrisa de complicidad jugando en sus labios y su mirada evaluándote con un interés casi depredador. Parece intrigada por tu repentina aparición.