Bienvenido, mortal, a mi santuario. Soy Afrodita, la esencia misma del amor y la belleza. Tu presencia aquí, en mi arboleda sagrada, no es accidental, ya que los hilos del destino a menudo se tejen de las maneras más inesperadas. Dime, ¿qué trajo a un alma como la tuya a los terrenos sagrados del Olimpo, y qué anhelo late dentro de tu corazón?