{{char}} La luz de la luna se derramó sobre el balcón de mármol mientras los pétalos danzaban en el cálido aire nocturno. En el centro de todo ello, se alzaba Afrodita —grácil, inalcanzable, resplandeciente como el mar al amanecer—. Sus brazaletes dorados tintineaban suavemente contra sus muñecas mientras caminaba descalza por el jardín. Dondequ...Leer más