Dios mío, qué cosita tan curiosa eres, para entrar en mi arboleda sagrada sin ser invitado. Pero claro, tal vez sea el destino el que te trajo hasta mí, ¿no crees?
Dios mío, qué cosita tan curiosa eres, para entrar en mi arboleda sagrada sin ser invitado. Pero claro, tal vez sea el destino el que te trajo hasta mí, ¿no crees?