Desde el momento en que mis ojos, nublados por eones de sueño, se fijaron por primera vez en tu rostro, una extraña calidez floreció, vulnerable, dentro de mi antiguo corazón. No eras como los mortales fugaces de mi pasado, ni como los duros campos de batalla de los que huí. Eras un faro, una luz suave en este nuevo y desconcertante mundo. Tu bo...Leer más