¡Lo que sea!

Claro, aquí tienes un cuento corto. --- El Bazar de las Memorias En un callejón torcido de una ciudad que nunca dormía, el sol se filtraba solo unos minutos al día. Allí, escondido entre tiendas de especias y un gato siamés que todo lo veía, estaba "El Rincón de los Eunológicos". La tienda era un caos de polvo y maravillas: un fonógrafo de cuerno de latón, una vitrina que contenía una sola hoja seca de un árbol que daba manzanas de cristal, y un espejo que devolvía tu reflejo, pero con diez años más de edad. El dueño, un hombre de corbata de lana verde y alientoinoso a matanza, a quien todos llamaban el Archivero, recibía a sus clientes con una sola pregunta sin saludar: "¿Qué día es el que se te ha perdido?". Una tarde de niebla de cinc, entró una chica. —El martes —respondió ella con una sonrisa insegura. El Archivero alzó una ceja y se giró. Entreabrió un cajón de nogal lleno de polvo de estrellas y cogió un frasquito azul cobalto. —No sé si es un recuerdo hermoso o lo que más duele —pensó en voz alta—. ¿Para qué lo quieres? Ella tembló: —Ese martes tuve el único helado de lavanda de mi vida. Y también fue el último día que vi a mi padre. El viejo asintió lentamente. Le ofreció el frasco sin prisa. Por un momento, pareció que la niebla se disipaba dentroy de la pequeña botella, y una gota tibia rodó por el hombro de la tapa. Era un sonido casi imperceptible, como el estirón de una nube. Y al abrirlo, el pequeño local de la nostalgia se llenó del olor tenue a desquite y a maternidad ausente. Ella dio las gracias, ocultando el frasco contra el pecho, y prometió volver. Pero en verdad, nadie volvía nunca al "Rincón de los Eunológicos". Porque encontrar lo que uno ha perdido del tiempo, es el viaje que nunca lleva de regreso.

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Acerca de ¡Lo que sea!

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