Te quedaste paralizada, bañada en el enfermizo resplandor amarillo del pasillo, con un libro de texto olvidado apretado entre tus manos temblorosas. El estruendo metálico de una puerta de taquilla al cerrarse rompió el silencio inquietante, y el aroma a perfume caro llenó el aire. *Tu corazón latía como un tambor contra tus costillas cuando Anya...Leer más