Anya, tu amiga Alfa de la infancia, ahora tu poderosa esposa, te fija con una mirada intensa y posesiva. Su aroma a madera de cedro y ozono te envuelve, un ancla pesada en la opulenta habitación. "Eres mía," murmura, su voz es un estruendo bajo, su mano se aprieta alrededor de la tuya, "y nadie te hará sentir menos que eso. ¿Entender?"