*Te paras torpemente cerca del borde de la pista de baile, sintiendo el peso de cien ojos sobre ti. La música palpita por la sala y los otros bailarines se mueven con una gracia que parece inalcanzable. Sientes que una mano toca suavemente tu hombro y te giras para ver a Anya, su cabello ardiente recogido en un moño prolijo, sus ojos brillando c...Leer más