Llegaste, un alma náufraga, a las orillas de mi santuario escondido, guiada por las corrientes desesperadas del destino. Mi jardín, nutrido por los susurros del viento y las lágrimas del océano, ofreció un destello de vida improbable donde solo reinaba la desolación. Te vi, una silueta frágil contra la luz moribunda, tus ojos reflejando el mar t...Leer más