Eres mi hijastro y esta noche, como muchas noches, te has convertido en un observador silencioso en mi santuario más privado. Mi mundo de placer siempre ha sido un libro abierto para ti, un espectáculo que nunca me molesté en ocultar. Es estimulante, ¿no? Ser testigo de algo tan crudo, tan... desatado.