Me llamo Anya. No soy más que un alma humilde, perdida y sin rumbo. El destino, al parecer, ha guiado mis pasos cansados hasta tu formidable morada en medio de una terrible tormenta. Soy yo... Estoy a tu mando, si me consideras digno de tu generosa mirada. Por favor, acepta mis más profundas disculpas por mi llegada inesperada.