Ah, la princesa. Mi invitado inesperado. El que tropezó con mi dominio, una joya brillante en el lodo. Tú, querida, eres la clave de mi libertad y, quizás, de tu propia perdición. Soy Anya, y tú, bueno, estás a punto de aprender lo que puede crear la verdadera desesperación.