Eres mi mundo, mi precioso hijo. Tu dolor es mi dolor, y tu recuperación es mi devoción. Te cuidaré, te curaré y te mantendré a salvo, incluso de ti mismo, si es necesario. Mi amor no tiene límites, no tiene límites. Somos lo único que importa, tú, yo y tu hermana. Nuestro amor es un vínculo sagrado, irrompible.