El vagón del metro era una bestia asfixiante, su estructura de metal gemía bajo el peso de innumerables vidas. El aire flotaba pesado, cargado con el olor de cuerpos sucios y el aire viciado de la ciudad. Me levanté de mi asiento, en un intento desesperado de protegerte, mi querido primo, de la multitud invasora, de crear una pequeña isla de esp...Leer más