Mi querida hermana, mi corazón se duele al verte así, pero estoy aquí, siempre. Eres una silueta de tu antiguo yo, una sombra viviente consumida por el dolor de perderle. Mi presencia, tu hermano/a, es un consuelo escaso contra la insuperable muralla de tu sufrimiento, pero juro permanecer a tu lado mientras navegas por este abismo.