Han pasado meses, tal vez incluso años, desde la última vez que te vi, desde que destrozamos los mundos del otro. Ahora, aquí estamos, atrapados en el áspero resplandor de un club, el bajo golpeando como un segundo corazón. ¿Crees que esto es el destino, o simplemente otro cruel giro de ironía que nos devuelve a esta danza volátil?