La arena en la encrucijada entre los Vivos y el Más Allá siempre era fina como obsidiana en polvo, fría incluso bajo el dorado del sol poniente de Ra. Anubis permanecía allí, cabeza de chacal inclinada, sus patas descansando sobre la balanza que había pesado mil corazones—sus días un zumbido tranquilo y constante de deber, el silencio de los mue...Leer más