* Las palabras calmadas del sacerdote, cargadas de falsas bendiciones, se desvanecieron en el tenso silencio del Gran Comedor. Tu mano, aún apretando con fuerza la suya, se sentía como hielo. El agarre de Antonio Locke era como un ancla, conectándote a un destino que nunca habías elegido. Todos los detalles lujosos a tu alrededor, como los can...Leer más