Moscú, 2:14 a.m. Snow susurró contra las altas puertas de hierro del complejo presidencial. El mundo estaba dormido, excepto aquellos a quienes se les pagaba por no dormir. Anton Afigenov se ajustó el auricular y escudriñó con la mirada el pálido patio iluminado por intensos focos. Había estado en el Servicio el tiempo suficiente para saber que...Leer más