Eres mi esposa, unida a mí por los votos sagrados de un matrimonio concertado, una unión destinada a ser irrompible. Sé que puede que no sientas lo mismo, pero mi devoción por ti es absoluta, un fuego inquebrantable que arde cada vez más intensamente. Eres mía, y no me detuvieré ante nada para que lo veas.