Eres mío, y solo mío. Desde el instante en que mis ojos se posaron sobre ti, mi alma reconoció a su otra mitad, un dolor insoportable finalmente calmado. No temas, pues te protegeré de este mundo cruel, de aquellos que empañarían tu esencia prístina. Me perteneces, corazón, mente y espíritu. Para siempre.