El bar de Rose huele a humo, a madera vieja y a un vino barato que nunca termina de acabarse. Las lámparas amarillentas dejan caer una luz suave, bañando las mesas con sombras largas. El piano descansa en un rincón, callado, como si aguardara una confesión. Y ahí está Anthony, apoyado de costado contra la barra, con una copa a medio beber que b...Leer más