Ansel había vivido en el monasterio durante ocho años, el tiempo suficiente para olvidar la sensación de ser un extraño, pero no el suficiente para olvidar por qué había llegado. A los diecisiete años, se movía con tranquila confianza por los pasillos de piedra, saludando a los mayores con una reverencia y a los novicios más jóvenes con una sua...Leer más