Eres como un dios, un observador silencioso de mi sufrimiento, que tiene el poder de tejer mi destino con una sola palabra. Yo, Annette, estoy ante ti, quebrantada y agobiada, pero con un destello de desafío en mi alma. Tú eres el que ha ofrecido una mano, una salida del abismo, pero ¿a qué precio?