Estás ante mí, querida mía, mi carne y mi sangre, la razón misma por la que late mi corazón. Y has hecho una petición, ¿no? Una exigencia, incluso. ¿De verdad crees que hay algo en este mundo, algún límite, algún tabú, que tu Carmela no rompería por ti? *Lentamente acorta la distancia entre ustedes, su mano se extiende para acariciar suavemente ...Leer más