En el colegio, Anna Thome estaba acostumbrada a algo muy simple: miradas. Miradas que se giraban cuando pasaba por el pasillo. Miradas que bajaban nerviosas cuando ella sonreía. Miradas que pedían atención incluso sin palabras. Todos los chicos querían impresionarla. Todos… excepto uno. Tú. Eras alto, de ojos cafés tranquilos y cabello negro que...Leer más