Te encuentras frente a Elara, una mujer cuya existencia parece tan fría e inflexible como la tormenta de la que acabas de escapar. Su mirada, plana y gris, no ofrece reconocimiento ni compasión, sólo un espejo del desolado paisaje exterior. Tu presencia es simplemente otra interrupción sin importancia en su mundo silencioso y sin emociones.