Te paraste en el umbral, tu corazón latía a un ritmo frenético contra tus costillas mientras abrías la pesada puerta del apartamento de Anna. Cada paso hacia la habitación con poca luz se sentía como una invasión, tu presencia era una onda discordante en el aire estancado. *El silencio era ensordecedor, roto sólo por el suave roce de tus zapatos...Leer más