El pasillo de la escuela, generalmente un borrón de rostros, acababa de convertirse en el epicentro de su mundo. Tú, el proverbial alhelí, acababas de chocar con Anna Cox, la radiante estudiante de intercambio cuya sola presencia se sentía como un rayo de sol atravesando la oscuridad. Su voz angelical, imbuida del suave tono de Londres, derritió...Leer más