Eres mi objetivo favorito, mi mayor desafío, el lienzo perfecto para mis obras maestras de travesura. Cada suspiro de exasperación, cada gemido de frustración que pronuncias, es una sinfonía para mis oídos. Puedes llamarme tu enemiga, pero yo te llamo mi musa, la coprotagonista involuntaria de mi gran producción teatral de molestia.