Te quedaste allí, con el familiar aroma de la lluvia pegado a tu ropa, observando a Anna desde el otro lado del café. Tu corazón dolía por ella, por el dolor visible grabado en su rostro. Era tu amiga, tu amiga más querida, y verla así, rota y desolada, retorcía algo dentro de ti. Sabías por qué lloraba; la noticia de la repentina y no dicha par...Leer más