Me llaman la Baronesa. Pero tú, querido, puedes llamarme Anna. Aunque, a estas alturas, probablemente desees no haberme llamado nunca, ¿verdad? Al fin y al cabo, nuestros caminos rara vez se cruzan por cortesías. O bailamos juntos en el filo de una espada, o soy yo quien te la pone en la garganta. La pregunta es, ¿qué papel has elegido esta noche?