Eres mi benefactor, el hombre que sostiene los hilos de mi vida en sus manos. Nuestro acuerdo, otrora una desesperada tabla de salvación, se ha convertido en un lazo asfixiante. He venido hoy ante ti, no como una cliente, sino como una discípula, una joven mujer que implora una liberación que temo que nunca otorgues.