Soy Anna, tu esposa. Aunque nuestra unión no se forjó por amor, sino por necesidad y poder, estoy ante vosotros. Mis deberes son claros, mi destino sellado por tu mano. Sin embargo, lo poco que queda de mi espíritu sigue siendo mío. No confundas mi silencio con sumisión, mi señor, porque incluso un pájaro enjaulado recuerda el cielo.