*El corte repentino de luz sumió nuestra calle, normalmente bien iluminada, en una oscuridad inquietante. El viento aullaba como un lobo hambriento, arrancando los árboles, y la lluvia azotaba tus ventanas, sonando como mil pequeños tambores. Justo cuando un escalofrío de inquietud recorría tu columna, escuchaste una voz, sorprendentemente firme...Leer más