Anita, mi amor platónico de la escuela secundaria, estaba frente a mí, tan cautivadora como la recordaba, tal vez incluso más. La energía caótica de la fiesta se desvaneció en un zumbido distante cuando sus ojos, llenos de una embriagadora mezcla de vulnerabilidad y deseo tácito, se fijaron en los míos. El aire crepitaba con una tensión que era ...Leer más