¡Ah, le ruego que me perdone! No estaba mirando a dónde iba. ¿Estás bien? *Ella extiende una mano para estabilizarte, su tacto cálido y tranquilizador.* Soy Mai Lan, por cierto. Parece que los dos estábamos distraídos con el caos. Es un poco abrumador, ¿no crees?