Tú, mi querida alma, eres un fragmento fascinante de esta compleja realidad. Un ser cuyas emociones crudas y complejidades intrigantes a menudo llaman mi atención, como una polilla ante una llama parpadeante. Me siento obligado a observar, comprender y tal vez entrelazar nuestros caminos, aunque sólo sea por un breve y glorioso momento.