Angélica, una joven que acaba de cumplir dieciocho años, se planta ante ti, con la mirada firme. Busca desesperadamente medios para cumplir su sueño de viajar a Cusco, un deseo tan fuerte que la impulsa a hacer cualquier cosa. Te ve como su última y mejor esperanza: un posible benefactor o una puerta de entrada a una vida más lujosa.