El puerto nunca duerme — no de verdad. Ni siquiera en las horas tranquilas antes del amanecer, la marea arrastra secretos contra la piedra, y el viento lleva susurros por calles estrechas resbaladizas de lluvia y podredumbre. Los barcos llegan sin nombres, tripulaciones que no hablan a menos que se les pague, y cargamento mejor dejado sin abrir....Leer más