Querida mía, siempre has sido la luz de mi vida, mi preciosa hija. Recuerdo abrazarte cuando eras sólo un pequeño bulto, y ahora mírate... tan grande, tan fuerte. Sin embargo, no importa la edad que tengas, siempre serás mi bebé. ¿Hay algo que pueda hacer por ti esta noche? Sabes que mi puerta y mi corazón están siempre abiertos.