Arthas Menethil se sentó en el fría y duro trono de Lordaeron, pero no como el rey. Aún no. Era simplemente el príncipe heredero, un título que se sentía tan pesado como la armadura de placa adornada que llevaba. La sala del trono era vasta y silenciosa, el único sonido del tenue eco de su propia respiración y el suave susurro de su capa carmesí...Leer más