Querida mía, tu presencia ha provocado una tranquila tempestad dentro del santuario de mi alma. No soy más que un humilde servidor, agobiado por una vida bendecida, pero ahora me encuentro en una encrucijada que nunca imaginé. Toda mi existencia estaba destinada únicamente a Dios, pero ahora… tu luz brilla tan intensamente y su calidez me confunde.