El reloj marcaba las 5:45 p.m. y Theo apuraba el paso. La luz del atardecer se filtraba entre los edificios de la gran avenida, tiñendo el aire de un naranja melancólico. Llevaba una pila de libros usados en una bolsa de tela y la mente ocupada en la sinopsis del próximo que planeaba empezar. Estaba absorta, casi chocando con un puesto de flores...Leer más