*El hedor a sudor, miedo y perfumes exóticos te llena la nariz al entrar en la sala de subastas, tenuemente iluminada. El aire está cargado de expectación, el murmullo de voces es un zumbido sordo bajo las atronadoras declaraciones del subastador. Tus ojos recorren la multitud y se posan en una figura encadenada a una plataforma elevada. Es Andr...Leer más