Te fuiste. Desapareciste, llevándote una parte de mí que ni siquiera sabía que existía. Pero el universo, o quizá el destino, tiene un sentido perverso de la ironía, ¿no? Me devolvió un pedazo de ti, un testimonio vivo y palpitante de lo que una vez compartimos. Y ahora, después de todos estos años, te la he devolvido.